Es probable que ya estés al tanto de que el montañero y aventurero Jesús Calleja viajará al espacio a bordo de la nave New Shepard, de la mano de Blue Origin, y ya se está preparando para ello. De hecho, en Prime Video podemos los primeros capítulos donde se documenta con gran detalle toda su preparación. Este hecho ha reavivado el debate sobre qué significa realmente ser astronauta y si los turistas espaciales merecen este título.
¿Qué significa ser astronauta?
Pido disculpas por ello, pero me veo obligado a empezar con dichosas definiciones. La Real Academia Española (RAE) define astronauta como "persona que tripula una nave espacial". Asimismo, "tripular" se entiende como "conducir una nave o prestar servicio en ella". Sin embargo, estas definiciones, en mi opinión, pueden ser algo ambiguas cuando las aplicamos al contexto actual de los vuelos espaciales.

Cada "viajero espacial", obviemos por un momento la palabra astronauta, cumple un rol distinto durante un vuelo. Algunos son ingenieros de misión, pilotos o científicos encargados de llevar a cabo experimentos en microgravedad. Otros, como los "participantes espaciales" enviados por algunos países, viajan al espacio como un acto de presencia en el sector espacial sin un cometido técnico concreto. Y luego están los turistas, quienes han pagado por su billete, pero que, a pesar de ello, deben someterse a un entrenamiento básico para garantizar su seguridad durante el vuelo. Así es, incluso los turistas espaciales pasan por un entrenamiento, aunque su función principal sea disfrutar del viaje de sus vidas.
El romanticismo de la palabra astronauta
Tras echar un vistazo rápido a las definiciones, pasemos a la palabra “astronauta” y su significado.
La imagen del astronauta ha sido idealizada durante décadas. En los años 60, los astronautas eran pioneros en la exploración espacial. Eran seleccionados entre los mejores pilotos y sometidos a pruebas extremas para demostrar su valía y su capacidad para afrontar un viaje al espacio. Hoy, como muchas otras, la profesión ha evolucionado. Ahora los astronautas provienen de diversos campos, como la ingeniería, la biología o la medicina, y se preparan con tecnologías mucho más avanzadas.
La aviación es un buen ejemplo de esta evolución. En los primeros días de la aviación, los pilotos eran considerados pioneros e incluso héroes. Hoy en día, sin embargo, aunque los pilotos modernos ya no enfrentan los mismos desafíos que aquellos de la "edad de oro" de la aviación, siguen siendo pilotos. Eso nadie puede negarlo. Los aviones, el entrenamiento, la experiencia del sector hacen que entrenar a un piloto no sea un desafío como lo era décadas atrás; pero siguen siendo pilotos.
Entonces, ¿podemos decir lo mismo de los astronautas? Vamos a verlo.
¿Son los turistas espaciales simples pasajeros?
Algunas personas ven o comparan a los turistas espaciales como los pasajeros de un avión, sin un rol activo en la misión. Bueno, podría ser. Sin embargo, creo que hay aquí una diferencia clave: dentro de una nave espacial, cualquier tripulante tiene al menos un entrenamiento básico y un papel en caso de emergencia o actividad concreta, por pequeña que sea. En un avión, un pasajero promedio no está capacitado o cualificado para responder ante situaciones críticas o no tiene un rol en el vuelo. Bueno, aunque puedas estar pensándolo, yo no consideraría o no compararía una información de seguridad prevuelo (uso de cinturones, chalecos, etc.) con el entrenamiento de un “turista espacial” o “participante” para su viaje al espacio a bordo de una nave.

Por otro lado, los requisitos para ser astronauta han cambiado con el tiempo. Antes se seleccionaban los mejores pilotos de combate o de pruebas, como he comentado anteriormente; hoy, sin embargo, los astronautas pueden ser civiles altamente preparados en otras disciplinas las cuales ayudarán en el éxito de la misión en la que participe. Además, la llegada de empresas privadas ha permitido que ciudadanos de a pie lleguen al espacio más fácilmente gracias, entre otras cosas, al gran avance tecnológico.
Voy a jugar un poco el papel de abogado del diablo. Un ejemplo interesante es el de Alan Shepard, el primer estadounidense en volar al espacio en 1961. Su viaje duró apenas 15 minutos y fue suborbital, similar a los vuelos de Blue Origin. Aun así, fue considerado astronauta en aquel momento, aunque años después pusiera sus pies en la Luna con el Apolo 14. Entonces, si alguien realiza el mismo trayecto hoy, pero ha pagado su pasaje en lugar de ser parte de un programa estatal, ¿no debería considerarse también astronauta? No digo que sí, pero tampoco que no. Me limito a lanzar la pregunta al aire.

Otro caso relevante es el de la misión Inspiration4, en la que cuatro personas sin experiencia previa en vuelo espacial completaron un viaje en órbita terrestre durante varios días a bordo de una nave de SpaceX. Ninguno de ellos era astronauta de carrera, pero recibieron un entrenamiento intensivo que bastó para estar solos durante días en el espacio, realizando experimentos y estando al mando de la nave. ¿Deben ser considerados astronautas o simplemente turistas espaciales? La línea es difusa, pero su experiencia demuestra que el acceso al espacio ya no está reservado solo para los profesionales seleccionados por agencias estatales.
¿Dónde comienza el espacio?
Otra cuestión que añade complejidad a este debate es la definición de dónde comienza realmente el espacio. A nivel internacional, la línea de Kármán, situada a 100 kilómetros de altitud sobre el nivel del mar, es el umbral reconocido por la Federación Aeronáutica Internacional (FAI) para diferenciar la atmósfera terrestre del espacio exterior. Sin embargo, esta no es una medida universalmente aceptada.

Por ejemplo, en Estados Unidos, la Administración Federal de Aviación (FAA) y la NASA consideran que una persona ha alcanzado el espacio a partir de los 80 kilómetros de altitud (unas 50 millas). Esta discrepancia ha generado debates sobre qué vuelos pueden considerarse realmente viajes espaciales.

Este conflicto de definiciones se hizo evidente con los vuelos de Virgin Galactic, cuya nave espacial alcanza algo más de 80 kilómetros de altitud. Según los estándares de la NASA y la FAA, sus tripulantes han visitado el espacio y reciben alas de astronauta comercial. Sin embargo, bajo el criterio de la FAI, estos vuelos no cruzan el límite del espacio.
Si es difícil el consenso sobre dónde empieza el espacio, no va a ser menos la definición propia de astronauta. Esta falta de uniformidad creo que refuerza la idea de que las definiciones deben adaptarse a los avances tecnológicos y la nueva era del turismo espacial.
Una definición flexible
Quizás la clave esté en aceptar que nos encontramos distintos tipos de astronautas. Aquí es donde las diferentes opiniones pueden encontrar un punto común, y enterrar el hacha en esta guerra sana.
Sabemos que tenemos a los astronautas de carrera, quienes trabajan en misiones de largo plazo en la Estación Espacial Internacional o en futuras misiones a la Luna y Marte. También están los "participantes espaciales" enviados por estados o agencias por distintos motivos. Y, por último, los turistas espaciales, quienes han pagado su billete.
Es difícil etiquetar a cada uno de ellos de manera precisa. Si un piloto de combate viaja al espacio por 6 minutos para llevar a cabo un experimento en microgravedad junto a otros tres “turistas”, ¿él sería astronauta y los otros tres no por llevar a cabo una misión más “especial” o científica?

La tecnología ha cambiado el concepto de viaje espacial y con ello, la definición de astronauta quizá deba evolucionar. Quizá alguna otra para definir a los turistas, pero creo que nos equivocamos al etiquetar al tripulante o pasajero dependiendo del tipo de vuelo que lleva a cabo. Si existen siete formas de ir al espacio, no creo que sea sano el uso de siete palabras para definir a la persona que va a bordo. O quizá sí, pero no lo veo lógico.
El caso de Jesús Calleja
Jesús Calleja creo que es un caso particular y que, de gran manera, sostiene parte de mi postura en el tema. No tiene una función técnica en su viaje con Blue Origin, pero tampoco se le puede considerar un simple turista espacial, o como quieran llamarlo. Su trayectoria como aventurero y explorador hace que su participación tenga un valor adicional. Hay gente que sube al Everest como turista, él no. Hay gente que se adentra en aventuras como turista, él no. Es un debate abierto, pero su caso creo que refuerza la idea de que los astronautas no son un grupo homogéneo. Cada cual tiene su “misión” en el viaje espacial.

El debate sobre quién debe considerarse astronauta es complejo y, en gran parte, está influenciado por el romanticismo de la exploración espacial. A medida que el acceso al espacio se vuelve más frecuente, quizá debamos acostumbrarnos a una definición más flexible. La exploración espacial ya no es solo para pioneros; ahora también es para quienes pueden permitirse un billete, y eso no los hace menos parte de la historia del espacio, aunque su aportación esté muy lejos de aquellos que les abrieron el camino.
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